Una camilla de masaje profesional debe ofrecer estabilidad absoluta, anchura suficiente para que el cliente se sienta cómodo y una altura regulable para que el terapeuta trabaje con la postura correcta. La diferencia entre una camilla genérica y una profesional se nota en la espuma, la estructura y la capacidad de carga.
Las camillas fijas ofrecen mayor estabilidad y suelen tener mejor tapizado. Son la opción correcta para consultas y centros con espacio dedicado. Las plegables son para terapeutas que se desplazan a domicilio o para centros que necesitan liberar espacio. El peso oscila entre 14 kg (plegable ligera) y 35 kg (fija robusta).
El grosor de la espuma marca la diferencia en sesiones largas. Un mínimo de 6 cm de espuma de alta densidad es recomendable. Los modelos profesionales usan espuma de doble capa: base firme para soporte y capa superior suave para confort. El tapizado debe ser resistente a aceites de masaje.
El agujero facial desmontable es imprescindible para masajes en decúbito prono. Los modelos profesionales incluyen tapón para cerrar el agujero cuando no se usa, reposapiés ajustable y portarrollos integrado. Algunos incorporan calefacción en la superficie.
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